Escrito por :
Germán Gasparini
junio 27, 2012
Ni siquiera vergüenza deportiva tuvieron los jugadores que enfrentaron, quizás, el desafío más grande de sus carreras. Tres golpes en media hora hicieron que Banfield se resignara y esperara a que San Lorenzo no ganase. Mientras tanto en el Lencho se provocaban disturbios al romper una pared para usar los cascotes para tirarlos al campo de juego.
Un final lamentable, balas de goma, palazos, piedrazos y abuso de la autoridad de parte de un grupo de policías que irritaban aún más al hincha que de por sí ya no le tenía paciencia. Falto tacto de parte de la seguridad.
